15/7/08

CARTA A JUAN ALBERTO BELLOCH

Excelentísimo Sr. Alcalde la ciudad de Zaragoza Juan Alberto Belloch Julbe.

Me dirijo a usted para expresarle mi gran asombro al ver que tras las decisiones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Asociación Española de Ecología Terrestre (AEET) -dos entidades de gran relevancia científica e intelectual- de desvincularse tajantemente de la actividad pseudocientífica llamada Congreso Internacional de Ecología que se realiza en Zaragoza, usted y los órganos administrativos a los que representa, han hecho oídos sordos y han decidido dar apoyo institucional a dicho evento. No debería recordarle que no encontramos en un país LAICO (Artículo 16, punto 3 de la Constitución de 1978: Ninguna confesión tendrá carácter estatal.), y que está definición según la Real Academia Española es la de la independencia de cualquier organización o confesión religiosa.

Soy biólogo profesional y mis experiencias han tocado directamente, y muy a menudo, aspectos relacionados con la verdadera ciencia de la Ecología. Por más que leo y releo el programa de la pantomima del Congreso Internacional de Ecología no consigo encontrar ninguna ponencia que trate sobre el tema. En ningún momento se habla de redes ecológicas, biodiversidad, relaciones inter o intraespecíficas, selección de hábitat, flujos de energía o de las funciones de los ecosistemas. Es más, me encuentro lindezas como estas, extraídas de las conclusiones del segundo día del congreso colgadas en su propia página Web:

[…] la misma cuestión ecológica implica la relación de amor y de inteligencia del hombre con el mundo. Esta relación lleva a reconocer que la naturaleza no es una realidad absoluta, es decir, la naturaleza no es dios. Divinizar la naturaleza, considerarla como el valor supremo y absoluto, lleva a crear una “seudo-religión” en la que el hombre queda subordinado a la naturaleza como madre tierra. Este naturalismo es destructivo para el hombre y para el propio medioambiente.

Se reflexionó sobre cómo influyen el Hinduismo, el Budismo, el Islam y el Cristianismo en el crecimiento de la conciencia ecológica de los hombres y en la asunción de actitudes humanas que ayudan a cuidar y proteger la naturaleza. Aun existiendo contrastes y matices en las aportaciones de cada una de las grandes religiones a la cuestión ecológica, no obstante todas ellas fomentan la sensibilidad ecológica y la relación armoniosa del hombre con la naturaleza, porque las grandes religiones, desde la vida de relación del hombre con la divinidad, promueven el reconocimiento del prójimo en su dignidad humana, y desde ahí realizan una promoción del reconocimiento, el cuidado y la preocupación respecto de los seres vivos y de la entera naturaleza.

Sinceramente Sr. Belloch, no veo por ningún lado el método científico en estas palabras. La ciencia es una aproximación a la realidad que percibimos como humanos. Por supuesto que no es perfecta, ningún científico serio afirmaría tal cosa, pero es capaz de corregir sus propios errores y dispone de un sistema de detección de camelos (algo que creo que ni se han planteado los asistentes al congreso). Pero sobre todo, la ciencia tiene unas buenas dosis de escepticismo y huye como de la peste de las verdades absolutas. ¿Dónde están esas cualidades en los textos del congreso? ¿No es Dios según los congresistas y las instituciones eclesiásticas presentes una verdad inmutable e innegable? Debería preguntárselo.

En el Artículo 44, punto 2 de la Constitución española de 1978 se dice: Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general. Usted, como alcalde, representa a dichos poderes pero creo que no ha entendido el Artículo. La refrescaré la memoria y, tirando de nuevo de la RAE, le trascribo la primera definición de la palabra Ciencia: Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Qué yo sepa nadie ha visto a Dios o al menos no ha podido demostrarlo. Hasta entonces, todo acto que verse sobre está cuestión no debe considerarse ciencia y por tanto no debe ser apoyado como tal desde los órganos democráticos oficiales. Eso sí, podríamos llamarlo Ciencia Infusa, que es aquel conocimiento recibido directamente de Dios o un saber no adquirido mediante el estudio. Hablemos con propiedad, entonces.

Finalmente, y por no extenderme más, le ruego encarecidamente en virtud de los Artículos 16 y 44 de la Constitución española de 1978, que rectifique y retire su apoyo, al menos el oficial y económico, a este tipo de actos pseudocientíficos. Nadie dice que no se celebren, únicamente que no se los disfrace de ciencia y menos que se les apoye desde las instituciones y con dinero publico, en detrimento de la verdadero saber científico, demasiadas veces olvidado y relegado a segundos planos.

Atentamente.

Woodpecker


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4 comentarios:

  1. Con tu permiso Woodpecker me gustaría dar a conocer esta carta, así que si no te importa pondré algo en mi blog.

    Mandame un correo y me dices.

    Ah, excelente!!!!

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  2. Por supuesto Brookei, sin problemas. Gracias a los dos, aunque es bastante mejorable, sobre todo a medida que la releo ;)

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  3. Como ya te han dicho, excelente, me siento totalmente de acuerdo con tus palabras, aunque yo no lo hubiera redactado tan bien.

    Un saludo

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